lunes, 10 de diciembre de 2012

RECORDANDO LO PRIMORDIAL


por: Pedro. A.

La vida me hizo conocer la vida, la vida real. Conocí la naturaleza y, por lo tanto, mi vida, y la vida de todos… fui árbol y planta, fui el viento y el calor del sol, fui el canto del grillo y entendí por qué se tiene que ocultar el sol…comprendí la importancia de los animales y su reciprocidad (simbiosis) con la naturaleza… encontré que la amistad es lo que los une… y luego, adolorido y entusiasmado a la vez, comprendí el triste papel que juega el humano en el asunto…corrompemos el orden y la armonía primordial. La única armonía, constante, que fluye sin detenerse, pero sin tener a dónde ir.
Esta catarata que es la vida se renueva constantemente! 
Desestabilizamos los hechos con nuestras palabras y nuestros actos. Nuestra acción nos inactiva. Somos una mayoría menor en este mundo.
Agradezcamos a la naturaleza, a la vida, y empecemos a vivir, aprendamos a vivir..!
¿Acaso creíamos que conocíamos a la naturaleza? No tenemos ni las más remota idea de lo vital que es la naturaleza, por lo menos no el hombre moderno…

¡La ciencia y el progreso!
¿Para qué?
Para matarnos…
Gran avance…
Morir artificialmente como muere hoy el humano,
Creador de Imperios y Verdades…

Tal vez conociendo más la vida, podríamos morir mejor, incluso no temer a la muerte, sino comprenderla y aceptarla…
¡pero primero conocer la vida! ¡desde dentro!
No vivir en la negación, en la cual somos pioneros, siguiendo estereotipos  y modelos mentirosos, que nos alejan de nosotros para poder ser controlados por aquellos que no se conocen a sí mismos y por lo tanto no conocen nada.
Mi verdadera identidad está en la naturaleza y en el cosmos, y sus procesos son mi vida, porque yo soy la naturaleza… pero puedo pensarla!, aquí es cuando me engaño, porque objetivando muero artificialmente, creyendo conocer las cosas simplemente por lo que aparentan… el pensamiento es la objetivación del ser, por lo cual dejamos de ser…

¿Por qué Humanismo?
¡NO!
Tiene que ser un naturalismo; al humanizarlo lo trastornamos, lo llenamos de valores…

¡Una autocomplacencia con la naturaleza, la conciencia debe ser una herramienta para interiorizar!

jueves, 22 de noviembre de 2012

La lectura, el nuevo vicio


por: A. Huxley


Creo que el nivel cultural en América y Europa puede elevarse a algo aproximado a la cima que alcanzó entre los griegos en la era de Pericles. Pero los medios que yo utilizaría para conseguirlo serían precisamente los opuestos a los que en general proponen educadores e inspiradores intelectuales. Ellos multiplicarían el material de lectura y abaratarían la impresión; yo restringiría el primero a través del simple expediente de hacer del segundo algo prohibitivamente costoso. Un impuesto del 4.000 o 5.000 por ciento sobre el papel, aplicado simultáneamente por un acuerdo internacional, en todos los países del mundo, lograría más por la popularización de la cultura, estoy convencido, que cualquier cantidad de bilbiotecas y ediciones económicas, enciclopedias y antologías.
La cultura no deriva de la lectura de libros, sino de la lectura exhaustiva e intensa de buenos libros. Ahora bien, el abaratamiento de papel ha redundado en todas partes en la producción al por mayor de material de lectura de una calidad inferior y en la formación, en casi toda la humanidad educada, de una lectura desatenta y superficial. En conclusión, cualquier incremento importante en la demanda de material de lectura sólo puede ser satisfecho por un incremente en la provisión de textos mediocres. Confrontado a material de lectura que no es trivial ni insignificante, el endurecido –o más bien ablandado- lector de revistas o periódicos o recorre superficialmente las páginas, tratando el sentido y la importancia como siempre a tratado el sinsentido y la trivialidad, o da la espalda disgustado y con terror a una clase de escritura que lo exige, como la buena escritura siempre exige a sus lectores, que hagan un esfuerzo por acompañar y comprender, que utilicen activamente su inteligencia e imaginación. He llamado al hábito de leer demasiado, y de leer cosas sin sentido, un vicio. Y se trata de un verdadero vicio, comparable al de consumir morfina. La lectura (de periódicos, revistas y ficción) es nuestro opio y anestesia universales. No leemos para estimularnos a pensar, sino para prevenir el pensamiento; no para enriquecer nuestras almas, sino para matar el tiempo y distraer la percepción; no para estar completamente vivos, sino con el fin de permanecer menos vitalmente conscientes de la realidad circundante. La impresión barata ha inundado el mundo con un respetable sustituto del alcohol y la cocaína. La lectura, que debería ser el alimento del alma, ha sido degradada a una droga espiritual. Si los políticos utilizaran un poco la razón, añadirían periódicos y revistas a la lista de intoxicantes degradantes, cuyo tráfico debería ser prohibido o al menos estrictamente controlado.
Me animaría decir que mi propia sugerencia provee la solución más simple, acaso la única solución al problema. Un impuesto del 4.000 o 5.000 por ciento al papel, aplicado universalmente, tendría diversos resultados positivos. Detendría el hábito de la lectura como droga espiritual y la transformaría de un intoxicante peligroso y degradante en un alimento valioso para el espíritu. Las masas comenzarían a interesarse por lo mejor que se ha pensado o dicho y elevaría el nivel ce la cultura en todo el mundo.
El efecto inmediato de un impuesto del 4.000 o 5.000 por ciento sobre el papel sería retirar de circulación a todos los periódicos. Un diario del tamaño hoy considerado indispensable costaría cerca de 50 dólares o más o su equivalente en otras monedas. Muy pocos consumidores comprarían el diario a ese precio , y los propietarios de verían obligados a suspender la publicación por completo o,  en caso contrario, si quisieran continuar vendiendo sus productos  al ritmo actual, a reducir sus periódicos a una sola página en cuarto, en la que ería físicamente imposible amontonar mas que un números muy limitado de datos significativos, trivialidades y sinsentidos. Los hebdomadarios y revistas, de 90 a 150 dólares cada ejemplar, simplemente desaparecerían. Lo mismo que la gran mayoría de las novelas de 90, 150 o 180 dólares. Los libros serían tan valiosos como en las épocas clásicas y medievales, serían atesorados con un cuidado piadoso y estudiados con un fervor literariamente religioso, tan característico de los buscadores de cultura de siglos pasados. En esta época de basura a granel, no hay manera de comprender la asombrada reverencia con la que Dante, y aun el muy posterior Milton, podían hablar de los libros y sus contenidos. Sólo cuando los libros sean tan escasos como en la época de Milton podrá el hombre moderno recuperar esa pasión por la literatura, ese respeto religioso por la cultura que distinguía a los hombres de otro tiempo.
Puede confiarse que la prohibición de la lectura ilimitada –ya que mi propuesta de un impuesto significaría una prohibición- produciría los mismos efectos psicológicos que la prohibición del alcohol en los Estados Unidos. La octava enmienda transformó a miles de sobrios ciudadanos estadunidenses en bebedores inveterados. Bebían porque era ilegal beber, y luego porque les agradaba, porque habían adoptado el hábito. Del mismo modo, mi prohibición de la impresión promiscua convertirá a miles de hombres y mujeres previamente iletrados o amantes de revistas en lectores impenitentes. Lo prohibido es siempre lo deseado, y valoramos aquello que es más y más difícil de encontrar. Que mi propuesta se convierta en ley y la piratería de textos de Shakespeare será una de las profesiones más rentables. Corredores de libros desesperados desembarcarán cargamentos de Homero y Dante en las orillas de cuevas solitarias. Policías armados patrullarán los campos, a la caza de molinos de papel ilegales y ilícitos y ejemplares ocultos de Platón y Espinoza. En una palabra, el llamado Problema de la Divulgación de la Cultura se habría resuelto de un modo automático.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Simbolismo Universal

Por: Pedro. A

Observar el nacimiento de una planta, el despliegue de la vida a partir de la semilla, representando así el movimiento, como una rueda que gira, la planta inicia la vida, el movimiento...
Veo así el círculo, símbolo universal de lo cíclico, y de la divinidad en las culturas primigenias. No serán las divinidades acaso cíclicas, atadas a los mismos procesos a los que estamos nosotros, los mortales?
El cíclico, el eterno retorno, el movimiento, veo todo esto en la ruptura de la semilla par dar vida a una nueva  (¿idéntica?)forma..
El despliegue es estático. El despliegue es movimiento, circular.
La contemplación de los astros es estable y profundamente detallada en la cosmovisión antigua. En la creación de una estrella se puede ver el despliegue del feto, de la semilla, de la vida...
Sin la fragmentación de la realidad mediante la dualidad, el primitivo tenía un contacto casi directo con su entorno, la naturaleza, el cosmos..Ciertas técnicas arcaicas (que hoy día se las conoce como Ciencia, obviamente alejada enormemente de la naturaleza) así como la disponibilidad de ciertas herramientas naturales,  intensificaban, profundizaban y aceleraban esta relación hombre-cosmos. Ellos aprehendían los astros. Observaban los movimientos estelares, ¿contemplaban extasiados la influencia cósmica en los procesos terrenales, y copiaban esta macro-acción? Sin duda.
Sabían a que tiempo sembrar, cazar y cosechar. Respetaban sus visiones. Hoy día estas visiones están destinadas a los esquizofrénicos, psicóticos, "enfermos mentales". No es raro este cambio en la mentalidad moderna. A partir de la separación del hombre de su entorno, o mejor dicho, a partir de que el hombre fue arrancado de su entorno natural, como reacción en cadena, todo su edificio teórico se edificó sobre malas interpretaciones, alejándolo cada vez más de aquello que alguna vez le dio vida , hasta llegar a la época actual, donde las mentiras se toman como verdades y viceversa.
Los "primitivos" o anteriores habitante de este mundo, como prefiero llamarlos, transmitían su conocimiento, transmitían el conocimiento.
Ahora nos toca confiar en lo que nos transmiten las instituciones y la academia, como que pudieran reemplazar lo irremplazable: El conocimiento de la vida

lunes, 6 de agosto de 2012

GRACIA, ASCETISMO, MÉRITOS (por: Octavio Paz)


(tal vez no sea necesario aclarar que todo lo que he dicho y diré se refiere exclusivamente  a las sustancias alucinógenas que, como es sabido, en general no provocan propensión fisiológica y vicio)

Ante las experiencias relatadas por Michaux nos volvemos a hacer la pregunta: ¿la farmacia sustituye a la gracia, la reacción poética es una reacción bioquímica? Coleridge atribuye al láudano  la composición de Kubla-Khan; Michaux piensa que un estado de debilidad psicológica  -fiebre ligera, inflamación de las anginas- y un exceso en la dosis, bastaron para desencadenar el torrente. La relación entre los estados fisiológicos y psíquicos no ofrece dudas. El ayuno, los ejercicios respiratorios, la flagelación, la inmovilidad prolongada, el confinamiento  solitario en celdas y cavernas, la exposición en lo alto de columnas o montañas, el canto, la danza, los perfumes, la repetición durante horas de una palabra, son prácticas que trastornan nuestras funciones físicas y provocan la visión. Lo que llamamos espíritu parece depender de los cambios químicos y biológicos; pero también lo que llamamos materia se nos ha vuelto energía, tiempo, agujero, caída y, en fin, algo que ya nos es medible. No me preocupa la antigua querella entre materialismo  y espiritualismo sino la fragilidad de nuestras concepciones morales frente a la embestida de la droga. Entre las numerosas observaciones de Michaux hay una que me obsesionó durante algún tiempo: la visión demoníaca fue posterior a la divina. Quizá se trata, como lo he insinuado antes, de una idea moral, dualista: la mezcalina es singularmente desdeñosa de las ideas de bien y mal. Desdeñosa y generosa, pues otorga la visión sin pensar en los “méritos” del que la recibe. Una y otra vez Michaux habla de “infinito no merecido”. Vale la pena detenerse en esta frase, dueña de una inequívoca resonancia. Muchos místicos y visionarios han dicho lo mismo.

La alteraciones fisiológicas no producen  automáticamente las visiones; tampoco todas tienen el mismo carácter. Basta comparar, para escoger  un ejemplo a la mano, las imágenes que los hongos mexicanos provocaron en Wasson con las de los profesores y estudiantes sometidos por el doctor Heim a una prueba análoga. Así pues, la intervén ción de la psique individual es decisiva. Ya Baudelaire decía, recordando a De Quincey, que el opio produce sueños distintos en un carnicero y en un poeta.. Pues bien, la acción de la droga resulta desconcertante precisamente en la esfera de la moral: el asesino puede tener visiones de ángel, el hombre recto, sueños infernales. Las visiones dependen de cierta sensibilidad  (¿facultad?) psíquica que varía de individuo a individuo pero que no depende del mérito o conducta personal. La droga es nihilista, : mina todos los valores y trastorna radicalmente nuestras ideas  del bien y del mal,  lo justo y lo injusto, lo permitido y lo prohibido. Su acción es una burla a nuestra moral de premio  y castigo. Esta idea me regocija y me azora: la droga introduce otra justicia, fundada en el azar o en circunstancias que no podemos determinar. Distribuye distraídamente lo que siempre se ha considerado como la recompensa de los santos, los sabios y los justos –el máximos bien que el hombre puede alcanzar sobre la tierra: la visión, el vislumbre de la perfecta armonía…

Nuestra perplejidad quizá desaparecería si, en lugar de pensar en un dios que obra como una droga, pensamos en una droga que obra como un dios.Quiero decir, si reemplazamos las nociones de azar, fatalidad y necesidad por las de gracias y libertad. La droga nos abre las puertas de “otro mundo”.Si esta expresión tiene un sentido, significa que efectivamente ingresamos a un reino en donde no rigen  las mismas leyes que en el nuestro. Ni las materiales ni las morales. ¿No sucede lo mismo con la experiencia mística? Todos los textos insisten en el carácter paradójico de la visión. La alteración de los principios lógicos y, en general, de lo que se considera el “fundamento del pensar” (aquí es allá; hoy es ayer o mañana; el movimiento es inmovilidad, etc) corresponde a un trastorno no menos profundo de las leyes morales: los pecadores se salvan; los ignorantes son los verdaderos sabios; la inocencia no está siempre en las vírgenes sino en los burdeles; el “buen ladrón” es el compañero de Cristo; el idiota del pueblo confunde al teólogo arrogante; el salteador Che es más puro que el virtuoso Confucio; Krisna empuja a Arjuna a la matanza…
La experiencia mística culmina en la visión del ser o en la de la vacuidad, pero siempre, plenitud o vacío, se inicia como una crítica de este mundo y una negación de sus valores. La otra realidad exige la abolición de esta realidad. La visión se sustenta no sólo en una crítica intelectual sino en una práctica en la que participa el ser entero: toda mística implica una ascética. Cualquiera que sea su religión, el asceta cree que hay una relación entre la realidad corporal y la psíquica. El cristiano humilla a su cuerpo, el yogui lo domina y así los dos afirman implícitamente la comunicación entre éste y el espíritu. No es extraño, las prácticas ascéticas tienen una antigüedad milenaria y son anteriores a la aparición de la idea del alma como una entidad separada del cuerpo. Como tantas otras técnicas que hemos heredado de la prehistoria, el ascetismo se anticipa a la ciencia contemporánea.

La analogía con las drogas es impresionante: la acción de estas últimas sería inmposible si no existiese efectivamente una relación íntima entre las funciones fisiológicas y las psíquicas. Es indudable que las prácticas ascéticas y el uso de sustancias alucinógenas formaron parte de un mismo proceso, según puede verse en los himnos del Rig Veda (texto sagrado de la India, uno de los más antiguos que se tiene registro) consagrados al soma y en los ritos de los antiguos mexicanos , hoy día todavía vivos entre los huicholes y los tarahumaras. La información antropológica sobre esta materia es muy rica. Es verdad que el vicioso, a diferencia del asceta, no se somete a ninguna disciplina. La distinción, aunque decisiva, no es aplicable a aquellos que exploran el universo de la droga con ánimo de saber o contemplar ni tampoco a los que la emplean en un ritual: hombres de ciencia, poetas, creyentes y miembros de grupos religiosos. El parecido entre drogas y ascetismo se extiende, por lo demás, a la esfera de la moral y a la del pensamiento. El asceta desprecia las convenciones mundanas, es insensible a las ideas de progreso y provecho, juzga que las ganancias materiales son pérdidas, ve en la normalidad del hombre común y corriente una verdadera anomalía espiritual y, en fin, condena por igual a los deberes y los placeres de este mundo. Así mismo, aquél que ingiere una droga postula una duda sobre la consistencia de la realidad –no está seguro de que sea tal como la ven nuestros ojos y definen nuestros instrumentos o sospechan la existencia de otra realidad. Droga y ascetismo coinciden en ser crítica y negación del mundo.

Desde esta perspectiva quizá nos será más fácil pronunciarnos sobre la “injusticia” de la droga. Las visiones infernales que relata Michaux  ¿no son el equivalente de las pruebas y tentaciones que han sufrido todos los ascetas de todas las religiones? Si la droga provoca la aparición de imágenes horribles ¿no será porque es un espejo que refleja no lo que aparentamos ser ante otros y ante nosotros mismos sino lo que somos realmente? El efecto más inmediato de la droga es aligerarnos del peso de la realidad. Por tanto, es imposible juzgar su acción con las pesas y las medidas del mundo cotidiano. Pero la droga no nos enfrenta a otro mundo: las visiones de Michaux no contradicen a sus poemas –los confirman. Sólo que el “yo mismo” que nos presenta la droga –como el de la poesía y el erotismo- es un desconocido y su aparición es semejante al de la resurrección de alguien que habíamos enterrado hace mucho. El enterrado está vivo y su regreso nos aterra. Al droga nos introduce en un afuera que es una adentro.: habitamos un yo que no tiene identidad no nombre, vivimos en un allá que es un acá, dentro de algo que somos y no somos. Nuestros actos tienen otra consistencia, otra lógica y otra gravedad. Los “méritos” y las “faltas” son otros y otra balanza que los pesa. Cambio de signo, el más se vuelve menos, el frío es calor, la exaltación en beatitud, calma y movimiento son lo mismo. Los valores morales no escapan a esta metamorfosis. Las visiones de virtud, bondad, rectitud y otras semejantes adquieren un significado diverso y aún contrario al que tienen en el mundo de las duras relaciones entre los hombres. Las palabras mérito, premio, ventaja, honor, provecho, interés y otras análogas, heridas de muerte, se desangran y, literalmente, se volatilizan. Pérdida de la gravedad: las virtudes verdaderas son de poco peso y se llaman abandono, desapego, confianza, entrega, desnudez. Lo que cuenta no es el valer sino el valor para internarse en lo desconocido. Desvalimiento: desasimiento. Ligereza: desinterés, desprendimiento. Fuera del “deber ser”, el hombre contempla a su ser. En esta constelación la palabra central es, quizá, inocencia: la “pureza del corazón” de los cristianos primitivos, el “pedazo de madera sin pulir” de los taoístas. Desaparición del yo y del nombre, no pérdida del ser. Aparición de otra realidad, reaparición del ser. Lección de moral: la experiencia nos enfrenta al misterio que es cada hombre y revela la vanidad de nuestros juicios. El mundo de los jueces es el de la iniquidad. Sí, el asesino puede tener sueños de ángel. Cada uno tiene el infinito que se merece. Pero ese mérito no se mide con nuestras medidas.

sábado, 19 de mayo de 2012

LO QUE LA CIENCIA Y EL OFICIALISMO OCULTAN, PARTE 2: LA GENEROSIDAD DEL INDÍGENA


Cuando llegaron los europeos a América en el siglo XVI, en muchas regiones de América los amerindios cultivaban una gran diversidad de plantas y árboles, lo cual los situaba entre los centros mundiales más importantes de domesticación de plantas.
Perú, patria de la papa, actualmente importa esta legumbre de los Países Bajos. Sin embargo, antes de la llegada de los españoles los habitantes del valle del Urubamba, cuna del imperio inca, cultivaban más de un centenar de variedades. Las ruinas que se extienden desde Machu Picchu hasta Cuzco son prueba de su brillante pasado agrícola: vestigios de almacenes en forma de torres en la cumbre de las montañas que denominan los asentamientos de viejos poblados: canales de irrigación que, en otro tiempo, traían el agua fresca desde arriba y que ahora están en ruinas llenos de fango y piedras pequeñas. Este valle- en el que apenas hace 50 años se podían divisar innumerables terrazas cultivadas que extendían su verdor a lo largo de kilómetros y kilómetros- ofrece en nuestros días el triste espectáculo del abandono (como todo lo que tocó la mano de la colonia). De los millones de campesinos que lo habitaban en otros tiempos, actualmente sólo unos miles han encontrado refugio. La caída fue vertiginosa: pocos años de conquista española bastaron para que las enfermedades y en trabajo en las minas de Potosí diezmaran la población casi por completo y para que la prosperidad del fértil valle no fuera más que un recuerdo.
A pesar de la situación en la que se encuentra Perú actualmente, un hecho prevalece: los pueblos de los Andes se cuentan sin duda alguna entre los más grandes experimentadores agrícolas que la historia a conocido. Mucho antes del Imperio inca, los naturales de los altos valles andinos perfeccionaron las técnicas de cultivo que les permitieron aprovechar al máximo el suelo.
Antes de buscar un ambiente ideal para la papa, los peruanos desarrollaron diversos tipos de plantas para diferentes condiciones de suelo, de sol y humedad. Para los campesinos de los Andes, la diversidad fue el elemento más importante en el desarrollo de la agricultura. Las papas, por ejemplo, tenían diferentes formas, texturas y colores: algunas eran redondas, otras ovaladas o nudosas… pero los antiguos agricultores no buscaban la diversidad por un simple placer estético; habían comprendido rápidamente que las diferencias de forma y color correspondían a otras variaciones más sutiles. Unas clases maduraban rápidamente y otras con mayor lentitud; esta era una característica muy importante cuando se sabe que el período de crecimiento de una planta varía según la altitud, el grado de humedad, etc…
Lo que es útil para el cultivo de la papa, lo es para el del maíz. Tenían mas de una docena de variedades. Ciertas mazorcas maduraban en 60 días, otras requerían muchos meses. Algunas variedades crecían en regiones que recibían bastante agua como el altiplano de México o la Florida, y otras en los desiertos, como el noreste de México. Sea en las montañas sea en las planicies, el maíz fue cultivado en todas partes: desde Canadá hasta América del Sur.
Los campesinos amerindios pudieron crear y mejorar un gran número de variedades gracias al conocimiento profundo y práctico de la genética de las plantas, adquirido a través de generaciones. El maíz, por ejemplo, no crece en estado silvestre. Para que las mazorcas se formaran, los primeros horticultores mesoamericanos debían fertilizar a mano cada planta, depositando el polen sobre las finas inflorescencias situadas en la extremidad superior de la mazorca. Experimentando con base en esta técnica, es decir, fertilizando un maíz con el polen de otro que poseía propiedades diferentes, lograron crear nuevas variedades que combinaban las cualidades de las dos plantas madres. Actualmente se llama “hibridación” a este tipo de tratamiento, y hace poco tiempo los científicos empezaron a practicarla a gran escala.
En América del Norte el conocimiento técnico de los amerindios permitió a los colonos ingleses y franceses establecerse en el continente. Los naturales sirvieron de modelo a los campesinos europeos que, enfrentados a una naturaleza desconocida y hostil, comprobaron rápidamente la inadaptación de sus métodos agrícolas tradicionales.
Las tierras del noreste de América estaban cubiertas de selvas densas, con árboles difíciles de arrancar debido a que poseían un red de raíces que hacía imposible el cultivo por hileras, a la manera europea. A pesar de todo, los amerindios lograron sustentarse de la tierra utilizando una técnica simple pero adaptada al medio. Resolvieron el problema de los árboles de una manera muy ingeniosa: arrancaron una porción de su corteza. Privados así de uno de sus elementos protectores esenciales, morían al perder el follaje. La pérdida de las hojas permitía al sol penetrar hasta el suelo. No quedaba entonces más que cultivar entre los troncos muertos. Gabriel Sagard, misionero francés que a principios del siglo XVII permaneció en la región de los Grandes Lagos, describió la manera que los hurones, pueblo de horticultores, sembraban el maíz: “las mujeres limpian bien la tierra entre los árboles y labran paso a paso un espacio o zanja en redondo, donde siembran en cada uno 9 o 10 granos de maíz, que son primeramente seleccionados, limpiados y puestos a remojar durante algunos días en el agua” (Le Grand Voyage du pays des Hurons -1632-, p. 134). Después de unos años de cosechas, los naturales abandonaban los campos para que la selva se regenerara.
Los colonos europeos adoptaron el mismo sistema, pero no dejaron que el bosque se restableciera. Al cabo de cierto tiempo, los árboles caían por su propio peso. De esta manera, los colonos iban ganando terreno al bosque. Las tierras despejadas se convirtieron más tarde en vastos campos de cultivo. Más que por el hacha y el arado, por la adaptación de una técnica amerindia las tierras de países como los Estados Unidos de América pudieron, en primer lugar, ser desmonatadas.

jueves, 19 de abril de 2012

OCTAVIO PAZ La búsqueda del comienzo (escritos sobre el surrealismo)


Día a día se hace más patente que la casa construida por la civilización occidental se nos ha vuelto prisión, laberinto sangriento, matadero colectivo. No es extraño, por tanto, que pongamos en entre dicho a la realidad y que busquemos una salida. El surrealismo no pretende otra cosa: es un poner en radical entre dicho a lo que hasta ahora ha sido considerado inmutable por nuestra sociedad, tanto como una desesperada tentativa por encontrar la vía de salida. No, ciertamente, en busca de la salvación, sino de la verdadera vida. Al mundo de “robots” de la sociedad contemporánea el surrealismo opone los fantasmas del deseo, dispuestos siempre a encarnar en un rostro de mujer….
Existía entonces sólo lo cotidiano: la moral del trabajo, el “ganarás el pan con el sudor de tu frente”, el mundo sólido del humanismo clásico y de la prodigiosa ciencia atómica.
Pero el cadáver estaba vivo, tan vivo, que ha saltado de su fosa y se ha representado  de nuevo ante nosotros, con su misma cara terrible e inocente, cara de tormenta súbita, cara de incendio, cara y figura del hada en medio del bosque encantado. Seguir a esa muchacha que sonríe y delira, internarse con ella en las profundidades de la espesura verde y oro, en donde cada árbol es una columna viviente que canta, es volver a la infancia. Seguir ese llamado es partir a la reconquista de los poderes infantiles. Esos poderes –más grandes quizá quelos de nuestra ciencia orgullosa- viven intactos en cada uno de nosotros. No son un tesoro escondido, sino la misteriosa fuerza que hace de la gota de rocío un diamante y del diamante el zapato de cenicienta. Constituyen nuestra manera propia de ver  y se llaman: imaginación y deseo. El hombre es un ser que imagina y su razón misma no es sino una de las formas de ese continuo imaginar. En su esencia, imaginar es ir más allá de sí mismo, proyectarse, continuo trascenderse. Ser que imagina porque desea, el hombre es el ser capaz de transformar  el universo entero en imagen de su deseo. Y por esto es un ser amoroso, sediento de una presencia que es la viva imagen, la encarnación de un sueño…. El surrealismo es una actitud del espíritu humano. Acaso la más antigua y constante, la más poderosa y secreta.
En Arcano 17, André Breton habla de una estrella que hace palidecer a las otras: el lucero de la mañana, Lucifer, ángel de la rebelión. Su luz la forman tres elementos: la libertad, el amor y la poesía. Cada uno de ellos se refleja en los otros dos, como tres astros que cruzan sus rayos para formar una estrella única. Así, hablar de la libertad será hablar de la poesía y del amor. Movimiento de rebelión total, nacido de Dadá y su gran sacudimiento, el surrealismo se proclama como una actividad destructora que quiere hacer tabla rasa con los valores de la civilización racionalista y cristiana. A diferencia del dadaísmo es también una empresa revolucionaria que aspira a transformar la realidad y, así, obligarla a ser ella misma…
Para nosotros el mundo real es un conjunto de objetos o entes. Antes de la edad moderna, ese mundo estaba dotado de una cierta intencionalidad, atravesado, por decirlo así, por la voluntad de Dios. Los hombres, la naturaleza y las cosas mismas estaban impregnadas de algo que las trascendía… la idea de utilidad –que no es sino una degradación moderna de la noción de bien- impregnó después nuestra idea de realidad. Los entes y objetos que constituyen el mundo se nos han vuelto cosas útiles, inservibles o nocivas. Nada escapa a esta idea del mundo como un vasto utensilio: ni la naturaleza, ni los hombres, ni la mujer misma; todo es un para…, todos somos instrumentos. Y aquellos que en lo alto de la pirámide social manejan esta enorme y ruidosa maquinaria, también son utensilios, también son herramientas que se mueven maquinalmente. El mundo se ha convertido en una gigantesca máquina que gira en el vacío, alimentándose sin cesar de su detritus. Pues bien, el surrealismo se rehúsa a ver el mundo como un conjunto de cosas buenas y malas, unas henchidas del ser divino y otras roídas por la nada; de ahí su anticristianismo. Asimismo, se niega a ver la realidad como un conglomerado de cosas útiles o nocivas; de ahí su anticapitalismo. Las ideas de moral y utilidad le son extranjeras. Finalmente, tampoco considera al mundo a la manera del hombre de ciencia puro, es decir, como un objeto o grupo de objetos desnudos de todo valor, desprendidos del espectador. Nunca es posible ver el objeto en sí: siempre está iluminado por el ojo que lo mira, siempre está moldeado por la mano que lo acaricia, lo oprime o lo empuña….. y así se inicia una vasta transformación de la realidad. Hijo del deseo, nace el objeto surrealista: la asamblea de montes es otra vez cena de gigantes, las manchas de la pared cobran vida, se hechan a volar y son un ejército de aves que con sus picos terribles desgarran el vientre de la hermosa encadenada.
Las imágenes del sueño proporcionan ciertos arquetipos para esta subversión de la realidad. Y no sólo las del sueño; otros estados análogos desde la locura hasta el ensueño diurno, provocan rupturas y acomodaciones de nuestra visión de lo real…su propósito es subversivo: abolir esta realidad que una civilización vacilante nos ha impuesto como la sola y única verdadera….





domingo, 8 de abril de 2012

EL BALAR DE NUESTRA “CULTURA”

por: Pedro. A

Frecuentemente, volteamos la cabeza hacia atrás, como queriendo cambiar algo únicamente con la simple mirada o anhelando una justificación que disculpe nuestros actos.
El arrepentimiento, ese síntoma de una cultura atrofiada, de una cultura resentida hacia el ser humano y hacia la vida, metáfora del paraíso cristiano y, por lo tanto, de la cultura occidental…
Creemos que con el arrepentimiento podemos cerrar esa herida que nosotros mismo nos la hemos hecho, por no querer conocernos y justificando una acción, la cual no necesita justificación, sólo técnica y seguridad en su realización.

Desde que nacemos, se nos enseña, como si fuese una necesidad primaria, la arbitrariedad de las palabras, de los conceptos, de las ideas. Se nos impone una des – ensenañza  de la vida, se nos inculca la muerte individual y el “camino” que tenemos que seguir.  Gracias a este tipo de procedimiento, adquirimos ciertos “valores”, entendiendo el concepto de “valor” dentro de este procedimiento anti-vital como una destreza , como un a-priori a nuestro ser, por lo cual  los “valores” que recibimos deberían ser necesaria y únicamente “universales”, y por lo tanto “eternos”. Qué ignorancia y mediocridad el creer que  ciertas palabras, ciertas ideas, ciertas convicciones, sean el hilo que ayude a conducir la vida de manera correcta… ¡que digo! Qué ignorancia y mediocridad el creer que ciertas palabras, ciertas ideas, ciertas convicciones puedan por lo menos ayudar a cada uno a guiarse dentro de lo que es la vida en verdad. No esa vida que se llama “moderna”, llena de palabrerías y convicciones ciegas, causantes de paranoias y necesidades ridículas lo cual no permite al individuo conocerse y conocer la realidad directamente, profundizar y sentir la energía vital, sin pantallas de por medio. No dejarse llevar por una corriente contaminada de petróleo  y explotación, sino ser uno mismo la corriente, limpiarse y limpiar al río contaminado de la civilización artificial.
Lamentablemente, este río contaminado ya nos ahogó desde hace bastantes años. 
Ahora tenemos primero que aprender a nadar dentro del río antes de poder subir a la superficie y salirnos de la misma. Cuando hayamos experimentado e interiorizado toda esta mentira, que nos la pintan como “verdad”,  podremos iniciar un conocimiento más puro, más real, algo nuestro, no de ellos, no de los demás. Hablemos nuestro propio lenguaje, ¡o no hablemos del todo!
La ciencia, sus disciplinas, sus estudios. La política, al servicio de nadie, únicamente al servicio del dinero. El colegio, la universidad, el trabajo, las instituciones, tanta “diversidad” para hacer lo mismo. Todos al servicio, menos al de la política que al del dinero hoy en día. Todo funciona para un fin único. Y no sabemos ni cuál es ese fin. Todo está determinado. Los estudiantes y los profesores, no son más que engranajes de una maquinaria mucho más grande que un solo país, engranajes más que del dinero y el consumo, de la ceguera. Mientras sigamos creyendo que la cumbre y el objetivo de la montaña de la vida humana esté tan abajo, mientras tengamos esta conciencia tan decadente, es imposible, por lógica, que lleguemos a la cima. Pero no pensemos en la cima como fin, simplemente, como comienzo.

Lean y conozcan, no estudien y sean un borrego más del corral que balará el mismo idioma de sus semejantes.
Hablemos nuestro propio lenguaje.
Preguntemos cosas nuevas. Cosas que nadie ha preguntado, pero no confiemos nuestras preguntas a los portadores de la mentira (políticos, sociólogos, antropólogos, economistas, psicólogos; académicos, científicos), confiémonos nuestras preguntas, y nuestras respuestas seguro valdrán mil veces más que el balar de un borrego
Baaaa… baaaa… baaaa…baaaa..baaaa. ¿Cómo pueden estudiar y conocer eso? ¿Qué quiere decir? No se entiende, no se escucha. 
Hay que tener cuidado que todo lo que hemos conocido llegue a los niños en la actualidad y en adelante. Sólo tengamos en cuenta que cuando uno es niño es más vulnerable a la mentira, y por lo tanto, a los curas y a la “escuela”. Así que sería preferible por lo menos que la enseñanza de la religión y el acercarse a una iglesia sea prohibido para gente sin criterio formado.Es peligroso recibir esas enseñanzas del resentimiento y de la debilidad, y más aún: ser sodomizados por un cura.
Lean y conozcan, no estudien y sean un borrego más del corral que balará el mismo idioma de sus semejantes.  
El miedo a equivocarse ya no existe tan arriba, se congelaría y rompería en pedazos... sólo hay espacio para la sorpresa de conocer constantemente algo nuevo, que en algún momento fue miedo, pero ahora es un reto, un baldazo de agua fría a la cara de la “verdad” aceptada, ¡y de los portadores de la misma!