Por: Pedro. A
Observar el nacimiento de una planta, el despliegue de la vida a partir de la semilla, representando así el movimiento, como una rueda que gira, la planta inicia la vida, el movimiento...
Veo así el círculo, símbolo universal de lo cíclico, y de la divinidad en las culturas primigenias. No serán las divinidades acaso cíclicas, atadas a los mismos procesos a los que estamos nosotros, los mortales?
El cíclico, el eterno retorno, el movimiento, veo todo esto en la ruptura de la semilla par dar vida a una nueva (¿idéntica?)forma..
El despliegue es estático. El despliegue es movimiento, circular.
La contemplación de los astros es estable y profundamente detallada en la cosmovisión antigua. En la creación de una estrella se puede ver el despliegue del feto, de la semilla, de la vida...
Sin la fragmentación de la realidad mediante la dualidad, el primitivo tenía un contacto casi directo con su entorno, la naturaleza, el cosmos..Ciertas técnicas arcaicas (que hoy día se las conoce como Ciencia, obviamente alejada enormemente de la naturaleza) así como la disponibilidad de ciertas herramientas naturales, intensificaban, profundizaban y aceleraban esta relación hombre-cosmos. Ellos aprehendían los astros. Observaban los movimientos estelares, ¿contemplaban extasiados la influencia cósmica en los procesos terrenales, y copiaban esta macro-acción? Sin duda.
Sabían a que tiempo sembrar, cazar y cosechar. Respetaban sus visiones. Hoy día estas visiones están destinadas a los esquizofrénicos, psicóticos, "enfermos mentales". No es raro este cambio en la mentalidad moderna. A partir de la separación del hombre de su entorno, o mejor dicho, a partir de que el hombre fue arrancado de su entorno natural, como reacción en cadena, todo su edificio teórico se edificó sobre malas interpretaciones, alejándolo cada vez más de aquello que alguna vez le dio vida , hasta llegar a la época actual, donde las mentiras se toman como verdades y viceversa.
Los "primitivos" o anteriores habitante de este mundo, como prefiero llamarlos, transmitían su conocimiento, transmitían el conocimiento.
Ahora nos toca confiar en lo que nos transmiten las instituciones y la academia, como que pudieran reemplazar lo irremplazable: El conocimiento de la vida
viernes, 7 de septiembre de 2012
lunes, 6 de agosto de 2012
GRACIA, ASCETISMO, MÉRITOS (por: Octavio Paz)
(tal vez no sea necesario aclarar que todo lo que he dicho y
diré se refiere exclusivamente a las
sustancias alucinógenas que, como es sabido, en general no provocan propensión
fisiológica y vicio)
Ante las experiencias relatadas por Michaux nos volvemos a
hacer la pregunta: ¿la farmacia sustituye a la gracia, la reacción poética es
una reacción bioquímica? Coleridge atribuye al láudano la composición de Kubla-Khan; Michaux piensa
que un estado de debilidad psicológica
-fiebre ligera, inflamación de las anginas- y un exceso en la dosis,
bastaron para desencadenar el torrente. La relación entre los estados
fisiológicos y psíquicos no ofrece dudas. El ayuno, los ejercicios
respiratorios, la flagelación, la inmovilidad prolongada, el confinamiento solitario en celdas y cavernas, la exposición
en lo alto de columnas o montañas, el canto, la danza, los perfumes, la
repetición durante horas de una palabra, son prácticas que trastornan nuestras
funciones físicas y provocan la visión. Lo que llamamos espíritu parece
depender de los cambios químicos y biológicos; pero también lo que llamamos
materia se nos ha vuelto energía, tiempo, agujero, caída y, en fin, algo que ya
nos es medible. No me preocupa la antigua querella entre materialismo y espiritualismo sino la fragilidad de
nuestras concepciones morales frente a la embestida de la droga. Entre las
numerosas observaciones de Michaux hay una que me obsesionó durante algún
tiempo: la visión demoníaca fue posterior a la divina. Quizá se trata, como lo
he insinuado antes, de una idea moral, dualista: la mezcalina es singularmente
desdeñosa de las ideas de bien y mal. Desdeñosa y generosa, pues otorga la
visión sin pensar en los “méritos” del que la recibe. Una y otra vez Michaux
habla de “infinito no merecido”. Vale la pena detenerse en esta frase, dueña de
una inequívoca resonancia. Muchos místicos y visionarios han dicho lo mismo.
La alteraciones fisiológicas no producen automáticamente las visiones; tampoco todas
tienen el mismo carácter. Basta comparar, para escoger un ejemplo a la mano, las imágenes que los
hongos mexicanos provocaron en Wasson con las de los profesores y estudiantes
sometidos por el doctor Heim a una prueba análoga. Así pues, la intervén ción
de la psique individual es decisiva. Ya Baudelaire decía, recordando a De
Quincey, que el opio produce sueños distintos en un carnicero y en un poeta..
Pues bien, la acción de la droga resulta desconcertante precisamente en la
esfera de la moral: el asesino puede tener visiones de ángel, el hombre recto,
sueños infernales. Las visiones dependen de cierta sensibilidad (¿facultad?) psíquica que varía de individuo
a individuo pero que no depende del mérito o conducta personal. La droga es
nihilista, : mina todos los valores y trastorna radicalmente nuestras
ideas del bien y del mal, lo justo y lo injusto, lo permitido y lo
prohibido. Su acción es una burla a nuestra moral de premio y castigo. Esta idea me regocija y me azora:
la droga introduce otra justicia, fundada en el azar o en circunstancias que no
podemos determinar. Distribuye distraídamente lo que siempre se ha considerado
como la recompensa de los santos, los sabios y los justos –el máximos bien que
el hombre puede alcanzar sobre la tierra: la visión, el vislumbre de la
perfecta armonía…
Nuestra perplejidad quizá desaparecería si, en lugar de
pensar en un dios que obra como una droga, pensamos en una droga que obra como
un dios.Quiero decir, si reemplazamos las nociones de azar, fatalidad y
necesidad por las de gracias y libertad. La droga nos abre las puertas de “otro
mundo”.Si esta expresión tiene un sentido, significa que efectivamente
ingresamos a un reino en donde no rigen
las mismas leyes que en el nuestro. Ni las materiales ni las morales. ¿No
sucede lo mismo con la experiencia mística? Todos los textos insisten en el
carácter paradójico de la visión. La alteración de los principios lógicos y, en
general, de lo que se considera el “fundamento del pensar” (aquí es allá; hoy
es ayer o mañana; el movimiento es inmovilidad, etc) corresponde a un trastorno
no menos profundo de las leyes morales: los pecadores se salvan; los ignorantes
son los verdaderos sabios; la inocencia no está siempre en las vírgenes sino en
los burdeles; el “buen ladrón” es el compañero de Cristo; el idiota del pueblo
confunde al teólogo arrogante; el salteador Che es más puro que el virtuoso
Confucio; Krisna empuja a Arjuna a la matanza…
La experiencia mística culmina en la visión del ser o en la
de la vacuidad, pero siempre, plenitud o vacío, se inicia como una crítica de
este mundo y una negación de sus valores. La otra realidad exige la abolición
de esta realidad. La visión se sustenta no sólo en una crítica intelectual sino
en una práctica en la que participa el ser entero: toda mística implica una
ascética. Cualquiera que sea su religión, el asceta cree que hay una relación
entre la realidad corporal y la psíquica. El cristiano humilla a su cuerpo, el
yogui lo domina y así los dos afirman implícitamente la comunicación entre éste
y el espíritu. No es extraño, las prácticas ascéticas tienen una antigüedad milenaria
y son anteriores a la aparición de la idea del alma como una entidad separada
del cuerpo. Como tantas otras técnicas que hemos heredado de la prehistoria, el
ascetismo se anticipa a la ciencia contemporánea.
La analogía con las drogas es impresionante: la acción de
estas últimas sería inmposible si no existiese efectivamente una relación
íntima entre las funciones fisiológicas y las psíquicas. Es indudable que las
prácticas ascéticas y el uso de sustancias alucinógenas formaron parte de un
mismo proceso, según puede verse en los himnos del Rig Veda (texto sagrado de
la India, uno de los más antiguos que se tiene registro) consagrados al soma y
en los ritos de los antiguos mexicanos , hoy día todavía vivos entre los
huicholes y los tarahumaras. La información antropológica sobre esta materia es
muy rica. Es verdad que el vicioso, a diferencia del asceta, no se somete a
ninguna disciplina. La distinción, aunque decisiva, no es aplicable a aquellos
que exploran el universo de la droga con ánimo de saber o contemplar ni tampoco
a los que la emplean en un ritual: hombres de ciencia, poetas, creyentes y
miembros de grupos religiosos. El parecido entre drogas y ascetismo se
extiende, por lo demás, a la esfera de la moral y a la del pensamiento. El asceta
desprecia las convenciones mundanas, es insensible a las ideas de progreso y
provecho, juzga que las ganancias materiales son pérdidas, ve en la normalidad
del hombre común y corriente una verdadera anomalía espiritual y, en fin,
condena por igual a los deberes y los placeres de este mundo. Así mismo, aquél
que ingiere una droga postula una duda sobre la consistencia de la realidad –no
está seguro de que sea tal como la ven nuestros ojos y definen nuestros instrumentos
o sospechan la existencia de otra realidad. Droga y ascetismo coinciden en ser
crítica y negación del mundo.
Desde esta perspectiva quizá nos será más fácil
pronunciarnos sobre la “injusticia” de la droga. Las visiones infernales que
relata Michaux ¿no son el equivalente de
las pruebas y tentaciones que han sufrido todos los ascetas de todas las
religiones? Si la droga provoca la aparición de imágenes horribles ¿no será
porque es un espejo que refleja no lo que aparentamos ser ante otros y ante
nosotros mismos sino lo que somos realmente? El efecto más inmediato de la
droga es aligerarnos del peso de la realidad. Por tanto, es imposible juzgar su
acción con las pesas y las medidas del mundo cotidiano. Pero la droga no nos
enfrenta a otro mundo: las visiones de Michaux no contradicen a sus poemas –los
confirman. Sólo que el “yo mismo” que nos presenta la droga –como el de la
poesía y el erotismo- es un desconocido y su aparición es semejante al de la resurrección
de alguien que habíamos enterrado hace mucho. El enterrado está vivo y su
regreso nos aterra. Al droga nos introduce en un afuera que es una adentro.:
habitamos un yo que no tiene identidad no nombre, vivimos en un allá que es un
acá, dentro de algo que somos y no somos. Nuestros actos tienen otra
consistencia, otra lógica y otra gravedad. Los “méritos” y las “faltas” son
otros y otra balanza que los pesa. Cambio de signo, el más se vuelve menos, el
frío es calor, la exaltación en beatitud, calma y movimiento son lo mismo. Los valores
morales no escapan a esta metamorfosis. Las visiones de virtud, bondad,
rectitud y otras semejantes adquieren un significado diverso y aún contrario al
que tienen en el mundo de las duras relaciones entre los hombres. Las palabras
mérito, premio, ventaja, honor, provecho, interés y otras análogas, heridas de
muerte, se desangran y, literalmente, se volatilizan. Pérdida de la gravedad:
las virtudes verdaderas son de poco peso y se llaman abandono, desapego,
confianza, entrega, desnudez. Lo que cuenta no es el valer sino el valor para
internarse en lo desconocido. Desvalimiento: desasimiento. Ligereza:
desinterés, desprendimiento. Fuera del “deber ser”, el hombre contempla a su
ser. En esta constelación la palabra central es, quizá, inocencia: la “pureza
del corazón” de los cristianos primitivos, el “pedazo de madera sin pulir” de
los taoístas. Desaparición del yo y del nombre, no pérdida del ser. Aparición de
otra realidad, reaparición del ser. Lección de moral: la experiencia nos
enfrenta al misterio que es cada hombre y revela la vanidad de nuestros
juicios. El mundo de los jueces es el de la iniquidad. Sí, el asesino puede
tener sueños de ángel. Cada uno tiene el infinito que se merece. Pero ese
mérito no se mide con nuestras medidas.
sábado, 19 de mayo de 2012
LO QUE LA CIENCIA Y EL OFICIALISMO OCULTAN, PARTE 2: LA GENEROSIDAD DEL INDÍGENA
Cuando llegaron los europeos a América en el siglo XVI, en
muchas regiones de América los amerindios cultivaban una gran diversidad de
plantas y árboles, lo cual los situaba entre los centros mundiales más
importantes de domesticación de plantas.
Perú, patria de la papa, actualmente importa esta legumbre
de los Países Bajos. Sin embargo, antes de la llegada de los españoles los
habitantes del valle del Urubamba, cuna del imperio inca, cultivaban más de un
centenar de variedades. Las ruinas que se extienden desde Machu Picchu hasta
Cuzco son prueba de su brillante pasado agrícola: vestigios de almacenes en
forma de torres en la cumbre de las montañas que denominan los asentamientos de
viejos poblados: canales de irrigación que, en otro tiempo, traían el agua
fresca desde arriba y que ahora están en ruinas llenos de fango y piedras
pequeñas. Este valle- en el que apenas hace 50 años se podían divisar innumerables
terrazas cultivadas que extendían su verdor a lo largo de kilómetros y
kilómetros- ofrece en nuestros días el triste espectáculo del abandono (como
todo lo que tocó la mano de la colonia). De los millones de campesinos que lo habitaban
en otros tiempos, actualmente sólo unos miles han encontrado refugio. La caída
fue vertiginosa: pocos años de conquista española bastaron para que las
enfermedades y en trabajo en las minas de Potosí diezmaran la población casi
por completo y para que la prosperidad del fértil valle no fuera más que un
recuerdo.
A pesar de la situación en la que se encuentra Perú
actualmente, un hecho prevalece: los pueblos de los Andes se cuentan sin duda
alguna entre los más grandes experimentadores agrícolas que la historia a
conocido. Mucho antes del Imperio inca, los naturales de los altos valles
andinos perfeccionaron las técnicas de cultivo que les permitieron aprovechar
al máximo el suelo.
Antes de buscar un ambiente ideal para la papa, los peruanos
desarrollaron diversos tipos de plantas para diferentes condiciones de suelo,
de sol y humedad. Para los campesinos de los Andes, la diversidad fue el
elemento más importante en el desarrollo de la agricultura. Las papas, por
ejemplo, tenían diferentes formas, texturas y colores: algunas eran redondas,
otras ovaladas o nudosas… pero los antiguos agricultores no buscaban la
diversidad por un simple placer estético; habían comprendido rápidamente que
las diferencias de forma y color correspondían a otras variaciones más sutiles.
Unas clases maduraban rápidamente y otras con mayor lentitud; esta era una característica
muy importante cuando se sabe que el período de crecimiento de una planta varía
según la altitud, el grado de humedad, etc…
Lo que es útil para el cultivo de la papa, lo es para el del
maíz. Tenían mas de una docena de variedades. Ciertas mazorcas maduraban en 60
días, otras requerían muchos meses. Algunas variedades crecían en regiones que
recibían bastante agua como el altiplano de México o la Florida, y otras en los
desiertos, como el noreste de México. Sea en las montañas sea en las planicies,
el maíz fue cultivado en todas partes: desde Canadá hasta América del Sur.
Los campesinos amerindios pudieron crear y mejorar un gran número
de variedades gracias al conocimiento profundo y práctico de la genética de las
plantas, adquirido a través de generaciones. El maíz, por ejemplo, no crece en
estado silvestre. Para que las mazorcas se formaran, los primeros horticultores
mesoamericanos debían fertilizar a mano cada planta, depositando el polen sobre
las finas inflorescencias situadas en la extremidad superior de la mazorca. Experimentando
con base en esta técnica, es decir, fertilizando un maíz con el polen de otro
que poseía propiedades diferentes, lograron crear nuevas variedades que
combinaban las cualidades de las dos plantas madres. Actualmente se llama “hibridación”
a este tipo de tratamiento, y hace poco tiempo los científicos empezaron a
practicarla a gran escala.
En América del Norte el conocimiento técnico de los
amerindios permitió a los colonos ingleses y franceses establecerse en el
continente. Los naturales sirvieron de modelo a los campesinos europeos que,
enfrentados a una naturaleza desconocida y hostil, comprobaron rápidamente la
inadaptación de sus métodos agrícolas tradicionales.
Las tierras del noreste de América estaban cubiertas de
selvas densas, con árboles difíciles de arrancar debido a que poseían un red de
raíces que hacía imposible el cultivo por hileras, a la manera europea. A pesar
de todo, los amerindios lograron sustentarse de la tierra utilizando una
técnica simple pero adaptada al medio. Resolvieron el problema de los árboles
de una manera muy ingeniosa: arrancaron una porción de su corteza. Privados así
de uno de sus elementos protectores esenciales, morían al perder el follaje. La
pérdida de las hojas permitía al sol penetrar hasta el suelo. No quedaba
entonces más que cultivar entre los troncos muertos. Gabriel Sagard, misionero
francés que a principios del siglo XVII permaneció en la región de los Grandes
Lagos, describió la manera que los hurones, pueblo de horticultores, sembraban
el maíz: “las mujeres limpian bien la tierra entre los árboles y labran paso a
paso un espacio o zanja en redondo, donde siembran en cada uno 9 o 10 granos de
maíz, que son primeramente seleccionados, limpiados y puestos a remojar durante
algunos días en el agua” (Le Grand Voyage du pays des Hurons -1632-, p. 134). Después
de unos años de cosechas, los naturales abandonaban los campos para que la
selva se regenerara.
Los colonos europeos adoptaron el mismo sistema, pero no
dejaron que el bosque se restableciera. Al cabo de cierto tiempo, los árboles
caían por su propio peso. De esta manera, los colonos iban ganando terreno al bosque.
Las tierras despejadas se convirtieron más tarde en vastos campos de cultivo. Más
que por el hacha y el arado, por la adaptación de una técnica amerindia las
tierras de países como los Estados Unidos de América pudieron, en primer lugar,
ser desmonatadas.
jueves, 19 de abril de 2012
OCTAVIO PAZ La búsqueda del comienzo (escritos sobre el surrealismo)
Día a día se hace más patente que la casa construida por la
civilización occidental se nos ha vuelto prisión, laberinto sangriento,
matadero colectivo. No es extraño, por tanto, que pongamos en entre dicho a la
realidad y que busquemos una salida. El surrealismo no pretende otra cosa: es
un poner en radical entre dicho a lo que hasta ahora ha sido considerado
inmutable por nuestra sociedad, tanto como una desesperada tentativa por
encontrar la vía de salida. No, ciertamente, en busca de la salvación, sino de
la verdadera vida. Al mundo de “robots” de la sociedad contemporánea el
surrealismo opone los fantasmas del deseo, dispuestos siempre a encarnar en un
rostro de mujer….
Existía entonces sólo lo cotidiano: la moral del trabajo, el
“ganarás el pan con el sudor de tu frente”, el mundo sólido del humanismo
clásico y de la prodigiosa ciencia atómica.
Pero el cadáver estaba vivo, tan vivo, que ha saltado de su
fosa y se ha representado de nuevo ante
nosotros, con su misma cara terrible e inocente, cara de tormenta súbita, cara
de incendio, cara y figura del hada en medio del bosque encantado. Seguir a esa
muchacha que sonríe y delira, internarse con ella en las profundidades de la
espesura verde y oro, en donde cada árbol es una columna viviente que canta, es
volver a la infancia. Seguir ese llamado es partir a la reconquista de los
poderes infantiles. Esos poderes –más grandes quizá quelos de nuestra ciencia
orgullosa- viven intactos en cada uno de nosotros. No son un tesoro escondido,
sino la misteriosa fuerza que hace de la gota de rocío un diamante y del
diamante el zapato de cenicienta. Constituyen nuestra manera propia de ver y se llaman: imaginación y deseo. El hombre
es un ser que imagina y su razón misma no es sino una de las formas de ese
continuo imaginar. En su esencia, imaginar es ir más allá de sí mismo,
proyectarse, continuo trascenderse. Ser que imagina porque desea, el hombre es
el ser capaz de transformar el universo
entero en imagen de su deseo. Y por esto es un ser amoroso, sediento de una
presencia que es la viva imagen, la encarnación de un sueño…. El surrealismo es
una actitud del espíritu humano. Acaso la más antigua y constante, la más
poderosa y secreta.
En Arcano 17, André Breton habla de una estrella que hace
palidecer a las otras: el lucero de la mañana, Lucifer, ángel de la rebelión. Su
luz la forman tres elementos: la libertad, el amor y la poesía. Cada uno de
ellos se refleja en los otros dos, como tres astros que cruzan sus rayos para
formar una estrella única. Así, hablar de la libertad será hablar de la poesía
y del amor. Movimiento de rebelión total, nacido de Dadá y su gran
sacudimiento, el surrealismo se proclama como una actividad destructora que
quiere hacer tabla rasa con los valores de la civilización racionalista y
cristiana. A diferencia del dadaísmo es también una empresa revolucionaria que
aspira a transformar la realidad y, así, obligarla a ser ella misma…
Para nosotros el mundo real es un conjunto de objetos o
entes. Antes de la edad moderna, ese mundo estaba dotado de una cierta
intencionalidad, atravesado, por decirlo así, por la voluntad de Dios. Los
hombres, la naturaleza y las cosas mismas estaban impregnadas de algo que las
trascendía… la idea de utilidad –que no es sino una degradación moderna de la
noción de bien- impregnó después nuestra idea de realidad. Los entes y objetos
que constituyen el mundo se nos han vuelto cosas útiles, inservibles o nocivas.
Nada escapa a esta idea del mundo como un vasto utensilio: ni la naturaleza, ni
los hombres, ni la mujer misma; todo es un para…, todos somos instrumentos. Y
aquellos que en lo alto de la pirámide social manejan esta enorme y ruidosa
maquinaria, también son utensilios, también son herramientas que se mueven
maquinalmente. El mundo se ha convertido en una gigantesca máquina que gira en
el vacío, alimentándose sin cesar de su detritus. Pues bien, el surrealismo se
rehúsa a ver el mundo como un conjunto de cosas buenas y malas, unas henchidas
del ser divino y otras roídas por la nada; de ahí su anticristianismo.
Asimismo, se niega a ver la realidad como un conglomerado de cosas útiles o
nocivas; de ahí su anticapitalismo. Las ideas de moral y utilidad le son
extranjeras. Finalmente, tampoco considera al mundo a la manera del hombre de
ciencia puro, es decir, como un objeto o grupo de objetos desnudos de todo
valor, desprendidos del espectador. Nunca es posible ver el objeto en sí:
siempre está iluminado por el ojo que lo mira, siempre está moldeado por la
mano que lo acaricia, lo oprime o lo empuña….. y así se inicia una vasta
transformación de la realidad. Hijo del deseo, nace el objeto surrealista: la
asamblea de montes es otra vez cena de gigantes, las manchas de la pared cobran
vida, se hechan a volar y son un ejército de aves que con sus picos terribles
desgarran el vientre de la hermosa encadenada.
Las imágenes del sueño proporcionan ciertos arquetipos para
esta subversión de la realidad. Y no sólo las del sueño; otros estados análogos
desde la locura hasta el ensueño diurno, provocan rupturas y acomodaciones de
nuestra visión de lo real…su propósito es subversivo: abolir esta realidad que
una civilización vacilante nos ha impuesto como la sola y única verdadera….
domingo, 8 de abril de 2012
EL BALAR DE NUESTRA “CULTURA”
por: Pedro. A
Frecuentemente, volteamos la cabeza hacia atrás, como
queriendo cambiar algo únicamente con la simple mirada o anhelando una justificación
que disculpe nuestros actos.
El arrepentimiento, ese síntoma de una cultura atrofiada, de
una cultura resentida hacia el ser humano y hacia la vida, metáfora del paraíso
cristiano y, por lo tanto, de la cultura occidental…
Creemos que con el arrepentimiento podemos cerrar esa herida
que nosotros mismo nos la hemos hecho, por no querer conocernos y justificando
una acción, la cual no necesita justificación, sólo técnica y seguridad en su
realización.
Desde que nacemos, se nos enseña, como si fuese una
necesidad primaria, la arbitrariedad de las palabras, de los conceptos, de las
ideas. Se nos impone una des – ensenañza de la vida, se nos inculca la muerte
individual y el “camino” que tenemos que seguir. Gracias a este tipo de procedimiento,
adquirimos ciertos “valores”, entendiendo el concepto de “valor” dentro de este
procedimiento anti-vital como una destreza , como un a-priori a nuestro ser,
por lo cual los “valores” que recibimos
deberían ser necesaria y únicamente “universales”, y por lo tanto “eternos”.
Qué ignorancia y mediocridad el creer que
ciertas palabras, ciertas ideas, ciertas convicciones, sean el hilo que
ayude a conducir la vida de manera correcta… ¡que digo! Qué ignorancia y
mediocridad el creer que ciertas palabras, ciertas ideas, ciertas convicciones
puedan por lo menos ayudar a cada uno a guiarse dentro de lo que es la vida en
verdad. No esa vida que se llama “moderna”, llena de palabrerías y convicciones
ciegas, causantes de paranoias y necesidades ridículas lo cual no permite al
individuo conocerse y conocer la realidad directamente, profundizar y sentir la energía vital, sin pantallas de por medio. No dejarse llevar por una corriente
contaminada de petróleo y explotación,
sino ser uno mismo la corriente, limpiarse y limpiar al río contaminado de la
civilización artificial.
Lamentablemente, este río contaminado ya nos ahogó desde
hace bastantes años.
Ahora tenemos primero que aprender a nadar dentro del río antes
de poder subir a la superficie y salirnos de la misma. Cuando hayamos
experimentado e interiorizado toda esta mentira, que nos la pintan como “verdad”, podremos iniciar un conocimiento más puro, más
real, algo nuestro, no de ellos, no de los demás. Hablemos nuestro propio
lenguaje, ¡o no hablemos del todo!
La ciencia, sus disciplinas, sus estudios. La política, al
servicio de nadie, únicamente al servicio del dinero. El colegio, la
universidad, el trabajo, las instituciones, tanta “diversidad” para hacer lo
mismo. Todos al servicio, menos al de la política que al del dinero hoy en día.
Todo funciona para un fin único. Y no sabemos ni cuál es ese fin. Todo está
determinado. Los estudiantes y los profesores, no son más que engranajes de una
maquinaria mucho más grande que un solo país, engranajes más que del dinero y el consumo, de
la ceguera. Mientras sigamos creyendo
que la cumbre y el objetivo de la montaña de la vida humana esté tan abajo,
mientras tengamos esta conciencia tan decadente, es imposible, por lógica, que
lleguemos a la cima. Pero no pensemos en la cima como fin, simplemente, como
comienzo.
Lean y conozcan, no estudien y sean un borrego más del
corral que balará el mismo idioma de sus semejantes.
Hablemos nuestro propio lenguaje.
Preguntemos cosas nuevas. Cosas que nadie ha preguntado,
pero no confiemos nuestras preguntas a los portadores de la mentira (políticos,
sociólogos, antropólogos, economistas, psicólogos; académicos, científicos), confiémonos
nuestras preguntas, y nuestras respuestas seguro valdrán mil veces más que el
balar de un borrego
Baaaa… baaaa… baaaa…baaaa..baaaa. ¿Cómo pueden estudiar y
conocer eso? ¿Qué quiere decir? No se entiende, no se escucha.
Hay que tener
cuidado que todo lo que hemos conocido llegue a los niños en la actualidad y en adelante. Sólo
tengamos en cuenta que cuando uno es niño es más vulnerable a la mentira, y por
lo tanto, a los curas y a la “escuela”. Así que sería preferible por lo menos
que la enseñanza de la religión y el acercarse a una iglesia sea prohibido para gente sin criterio formado.Es peligroso recibir
esas enseñanzas del resentimiento y de la debilidad, y más aún: ser sodomizados
por un cura.
Lean y conozcan, no estudien y sean un borrego más del
corral que balará el mismo idioma de sus semejantes.
El miedo a equivocarse ya no existe tan arriba, se
congelaría y rompería en pedazos... sólo hay espacio para la sorpresa de conocer
constantemente algo nuevo, que en algún momento fue miedo, pero ahora es un
reto, un baldazo de agua fría a la cara de la “verdad” aceptada, ¡y de los
portadores de la misma!
domingo, 25 de marzo de 2012
El Cacto de los cuatro vientos
“San Pedro posee un simbolismo especial en el curandeismo,
ya que el San Pedro está siempre en armonía con los poderes de los animales, de
los seres o personajes fuertes, de los seres verdaderos, de los seres sobrenaturales”.
El cacto San Pedro, trichocereus pachanoi, es sin duda una
de las plantas mágicas más antiguas de América del Sur. Su prueba arqueológica
más antigua se encuentra en el norte de Perú en un templo de la cultura chavín.
Casi tan antiguos son los textiles chavines que representan al cacto con
figuras de colibrí y jaguar.
En la costa sur del perú hay grandes urnas de cerámica de la
cultura Nazca, de 100 a.C a 500 d.C, en las que aparece el San Pedro. Cuando
los españoles llegaron a Perú, el uso de trichocereus pachanoi estaba muy
extendido.
El cacto se conoce como San Pedro en la costa norte del
Perú, como “huachuma” en la zona norte de los andes y como “achuma” en Bolivia;
la palabra boliviana chumarse (emborracharse) se deriva de achuma. También se
lo conoce como Aguacolla y gigantón.
Un chamán describe los principales efectos de trichocereus
pachanoi: “…la droga primero produce
somnoliencia o un estado de sueño y una sensación de letargo… un ligero vértigo
y después, una gran visión, un esclarecimiento de todas las facultades. Provoca
un ligero adormecimiento del cuerpo, seguido de un estado de completa
tranquilidad. Entonces, sobreviene una separación, una especie de fuerza
visual…incluso de todos los sentidos, aún del sexto sentido, la sensación
telepática de proyectarse a través del tiempo y la materia”
El ritual curativo
del San Pedro
Durante el ritual los participantes están “liberador de la
materia” y se inician en un vuelo a través de regiones cósmicas. Es muy posible
que la siguiente descripción, hecha por un oficial español en Cuzco en el siglo
XVI, se refiera a chamanes que utilizaban el San Pedro: “Entre los indios había
otra clase de magos, tolerados hasta cierto punto por los incas. Estos brujos
toman la forma que quieren y recorren en el aire grandes distancias en poco
tiempo; ven lo que está pasando, hablan con el diablo, quien les contesta con
ciertas piedras, o con otros objetos que ellos veneran”. El vuelo mágico y
extático es aún característico en la ceremonia contemporánea del San Pedro.
El objetivo del chamán en su ritual curativa es hacer que su
pariente “florezca” durante la ceremonia nocturna, hacer que su subconciente se
“abra como una flor”, como el trichocereus p, que florece de noche. A veces los
pacientes permanecen en estado de contemplación
y calma; algunas otras empiezan a bailar e incluso se arrojan al suelo
convulsivamente.
Como sucede con otros alucinógenos, ésta es una planta que
la naturaleza le dio al hombre para ayudarle a experimentar el éxtasis,
liberación del alma en una forma tenue, simple y casi instantánea. El éxtasis
es la preparación para el vuelo sagrado, que permite al hombre ser el mediador
entre su existencia mortal y las fuerzas sobrenaturales e infinitas.
Preparación
Normalmente los tallos del cacto se cortan en rebanadas,
como el pan, y se hierven en agua durante más de siete horas. Después de beber
el San Pedro , otras hierbas medicinales, que frecuentemente sirven como ayuda
para activas el poder interno del chamán.
La química del San Pedro
El alcaloide principal de trichocereus es la mescalina, responsable de los efectos alucinógenos. A partir de especímenes secos de San Pedro se ha extraído 2% de mescalina. Además, se ha aislado hordenina.
La química del San Pedro
El alcaloide principal de trichocereus es la mescalina, responsable de los efectos alucinógenos. A partir de especímenes secos de San Pedro se ha extraído 2% de mescalina. Además, se ha aislado hordenina.
Bibliografía:
Plantas de los Dioses, fondo
de cultura económica, pgs. 166-169.
sábado, 17 de marzo de 2012
Descenso al interior
por: Pedro. A
Lánzate a la aventura del conocimiento
Camina por las montañas de la conciencia
Y luego desciende hacia tú centro... introspección...conocimiento...
Profundiza en tu interior y olvídate de ti mismo...fúndete en el instante,
insulta al tiempo y niégalo dos veces,
Tú eres el tiempo, el ser no es el tiempo... ¿qué prefieres ser?
Lánzate a la aventura del conocimiento
Camina por las montañas de la conciencia
Y luego desciende hacia tú centro... introspección...conocimiento...
Profundiza en tu interior y olvídate de ti mismo...fúndete en el instante,
insulta al tiempo y niégalo dos veces,
Tú eres el tiempo, el ser no es el tiempo... ¿qué prefieres ser?
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